A veces como me gustaría
desaparecer de aquí, irme lejos donde nadie me conozca, donde nadie me juzgue
por mis decisiones, un lugar diferente, un lugar nuevo, en el que durante el
transcurso pueda dejar todo lo que me ata a lo anterior, dejar a un lado los
recuerdos, todos los recuerdos, buenos y malos, dejar caer las ultimas lágrimas
y olvidar las viejas sonrisas. Irme sin dejar rastro de que un día estuve en
aquel lugar. Olvidar todo y a todos. Comenzar de cero. Conocer a gente nueva. Respirar
sin que duela. Estar vacía en sentimientos para volverlos a conocer. Mirar hacia
enfrente porqué ya no habría nada que ver hacia atrás.
Pero no hay una fórmula mágica
para desaparecer, ni para borrar sentimientos mucho menos para desaparecer los
hechos. Aunque como me gustaría.
En ocasiones, he pensado qué es
mejor ya dejar las cosas como pasaron. No buscar un trasfondo que no soy capaz
de ver. Ver las cosas como son; cosas simples, situaciones que pasan, que
simplemente pasan. Acostumbrarme a ese dolor en el corazón de vacío y de
nostalgia que a diario asalta mi pecho siempre que me hundo en mis recuerdos,
en mis preguntas y en mis propias respuestas, en mis hirientes respuestas. Me pierdo
en mi misma cada vez que intento encontrar razones, me odio por no
encontrarlas. Me odio por no poder olvidar lo pasado.
Quisiera gritar lo que siento,
llorar a mar abierto y sacar toda esta impotencia que me mata, que me carcome
cada día, cada segundo de mi vida. Que me hace odiar la vida misma por ver
tantos rostros felices y yo verme al espejo y no verme ni siquiera a mí. Ver a
alguien que no conozco, a alguien que ya le cuesta sonreír, a alguien que se ha
olvidado del calor de la gente, a alguien que ya no confía ni cree en nada ni
nadie. Veo a un ser que se parece a mi físicamente pero por dentro está vacío. Es
solo una máquina humana, sin sentimientos ni tacto para nada. Un ser extraño
que solo está viviendo pero no disfruta. ¿Qué es lo que me ha hecho así?
Decepciones, desilusiones, el
darme cuenta de que en todo lo que creía ya no existe. Amistades, todas son
pura falsedad. No existe un solo amigo o amiga que me comprenda o que siquiera
me apoye en todo esto que vivo. En cambio yo, yo siempre he estado ahí cuando
me necesitaban, aun cuando no me lo pedían porqué los conocía, o al menos creía
hacerlo. Me doy cuenta de que tantas sonrisas y abrazos han sido solo falsedad,
puro interés, interés que solo a ellos les beneficiaba. No existe, no tengo una
amistad sincera, una amistad pura.
Amor. Ja. Eso es lo último que
existe. Ya no siento amor por nada, ni nadie, vaya si ni por mi misma siento
amor. Solo siento odio, repudio, dolor. Me odio por haberme dado la oportunidad
de amar con la persona incorrecta. Por creer que esos mitos eran reales. Por haberme
dejado envolver por esos tontos besos y fantasías que planeé y esa vida que me
imaginé a lado de alguien que me ha sacado de su vida como un trozo de basura,
como un chicle que mascas hasta que pierde el sabor y lo botas. Me odio por
haberme creído todas las palabras que oía y más me odio por haberme olvidado y
me odio aun mas porqué me está costando mucho volverme a encontrar. Me odio por
estar tan perdida y no encontrar un camino. Me odio por derramar lágrimas. Me odio
por estar sola en todo esto y nadie me llega a comprender. Me odio porqué
cuando intento hablar de todo esto que me quema por dentro veo a todos felices
en su vida y me odiaría aun más si los llego a hacer sentir mal por algo que
solo yo siento.
Odio ver que todos hacen su vida
y yo me quedo sola. Odio ser olvidada por todos. Odio ser invisible por todos. Mas
odio tener que aparentar que estoy bien para que nadie se sienta como yo,
aunque sé que es imposible que alguien se sienta como yo. Nunca nadie podría.
Que confíe en los planes del
destino. Planes. ¿Cuáles son esos planes?, ¿Cuánto más tengo que soportar?, ¿Por
qué solo a mi me tocan este tipo de “pruebas” si es que así se llaman?, ¿hasta
cuando me tocará perder a mí?
¿Por qué me cuesta tanto ser
feliz?, ¿Qué tengo, o qué no tengo?, ¿Qué me hace falta? Ya no tengo nada. Ya no
soy feliz, ya no sonrío ya no me veo como antes. Ya quiero acabar con tanto
dolor. ¿Cómo es posible que alguien me pueda causar tanto dolor, o la ausencia
de alguien?
Creo que puedo llenar mares de
tantas lágrimas que derramo en honor a este dolor. Lagrimas de verdad, de esa
verdad que duele saber, que duele reconocer. Reconocer que no eres necesario
para nadie, que nadie te necesita para vivir. Que para nadie eres
indispensable, que para nadie vales nada. Que estás sola, aunque te digan lo
contrario, la realidad es otra. Y más duele derramar lágrimas a solas, porque
no hay ni un solo abrazo que te haga sentir completo. Ya nada te hará sentir
completo y lo sabes y esos es lo que te llena de impotencia. Jamás te sentirás
completo por más que intentes no sentirás lo mismo que hace tiempo, no hay sentimiento
igual al mismo que te ha derrumbado y te ha dejado convaleciente por siempre,
ahora estas lleno de heridas, heridas que tal vez estén sanando, pero dime ¿Qué
hay de las cicatrices? Esas quedarás para siempre en ti. Y volverán a doler
cada vez que soplen los recuerdos.
Desaparecer, irse lejos de todo. Que
en verdad me olviden y olvidarme de todo. Eso sería una solución a todo. Pero la
vida es tan maldita que nunca me dará la oportunidad de hacerlo. Te hace seguir
viviendo hasta que se harta y te hace desaparecer. Mientras tanto sigues aquí,
sufriendo, disfrutando, sonriendo o llorando. Es opcional. Yo por el momento
elijo dejarme llevar por cualquier camino. Ya no me importa nada en especial.
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