De cierta forma la vida te va
dando oportunidades de hacer las cosas diferentes. Es decir, cometes un error
hoy, lo cargas un momento mientras lo asimilas y aprendes de él. Después, con
el tiempo, la vida te otorga esa “segunda
oportunidad” que dicen, todos merecemos. El punto aquí no es si la merecemos o
no, o si llega o no lo hace. Creo yo, que el punto radica en hacernos la
siguiente pregunta; “si llegase esa
segunda oportunidad ¿nos daríamos cuenta?”.
Cuando sufrimos de algo que nos ha marcado una etapa de
nuestra vida, es difícil de olvidar ese suceso. Los psicólogos dicen que si
dicho sufrimiento provocó un impacto severo lo más probable es que esa
experiencia la bloqueemos de nuestra memoria y sigamos viviendo como si no recordáramos
nada. Eso sería bueno, considerando que al inicio del sufrimiento quieres huir
de él y de hecho suena bastante tentador el bloquear información de nuestra
memoria y regresar a ese estado de felicidad o de pasividad en el que estábamos
antes. Desgraciadamente no es así. Por más que queramos, esas situaciones son
bastante extremas y en mi opinión esas cosas le pasan solo a las personas que se merecen olvidar un mal recuerdo. A las demás personas nos toca seguir viviendo
con todos nuestros asuntos en la cabeza, todos esos recuerdos que nos invaden
por las noches o en el día y que algunas veces resultan ser buenos y otras no
tanto. Lo extraño de esto es que, a pesar de que tenemos toda esa información
almacenada en nuestra cabeza, todas esas experiencias, todas esas situaciones
en las que tomamos decisiones algunas veces acertadas y otras no tanto… aun
contando con todo ese aprendizaje intrínseco, no seamos capaces de aprender de
todas esas experiencias y mejorar nuestro paso por la humanidad o hacerlo más
ameno.
Claro, ninguna experiencia es
igual que la anterior o es mejor o peor. Son solo eventos que suceden en nuestra
existencia en este mundo. Pero aun así siempre hay puntos clave, esas pequeñas
pistas que nos marcan la pauta de cómo “se supone” pasarán las cosas. Esas
pistas que con cada situación vivida son más sencillas de identificar pero aun
así nos gusta ignorar, ¿por qué seremos así la mayoría del tiempo?
Es cierto que nadie aprende en
cabeza ajena. Eso es un hecho, pero no está de más escuchar los consejos o los
resultados de las decisiones tomadas por aquellas vidas. Jamás sabremos en qué momento nos
podrán servir. Supongo que nos gusta engañarnos y pensar que vivimos en un
mundo en el que sin importar todo lo que pase en la vida terminaremos siendo
felices, gracias a todos esas estereotipos con los que convivimos a diario y no
soy pesimista puede que si terminemos siendo felices, pero también puede que
no. Y que tal que ese resultado final se deba a no haber podido identificar una
segunda oportunidad y por ende a la mala toma de decisiones.
Son solo pensamientos generales
que vagan por mi cabeza y me gusta aterrizarlos para poderlos compartir. Tal vez
alguien entienda lo que digo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario