martes, 15 de septiembre de 2015

Las nubes…

Hola de nuevo.  Aquí estoy de nuevo… Después de meses, casi años de no atender este lugar, mi espacio, mi universo, el único lugar donde puedo tener al menos un poco de control… donde las palabras son la que elijo y no las que usualmente son. El lugar donde encuentro las líneas para expresar lo que pienso, lo que soy, lo que siento. El único lugar donde no puedo ser juzgada por nadie al menos que conozca… El lugar donde si llego a cometer un error, lo puedo “editar”. En ocasiones eso me gustaría que existiera en la vida.


Verán, eso es de lo que quiero compartir hoy. Me tomé un tiempo para mí y para encontrarme de nuevo. Me alejé de todo y todos, aunque en aquel tiempo me odiase aun así aprendí a conocerme y a saber qué era lo que en verdad quería. Y lo hice. No fue fácil pero lo logré. Hice una lista de todos los daños que había sufrido. Una a una mis caídas las recordé y ordené en la manera en la que sucedieron. Debo admitir que fueron muchas. Unas más fuertes           que otras. Después hice una nueva lista. En esta última escribí que era lo que había aprendido en cada una de aquellas malas experiencias. ¿Les digo algo?, esta última lista fue aun más extensa que la primera.


De eso les platico, fue ya hace tiempo. En ese tiempo me cerré y me priorice en la primera linea de todas. Logré hacerlo y avanzar con los pies firmes y sin miedo. Había conseguido el equilibrio en varios aspectos de mi vida. Pero faltaba uno. El amor. Aquel al que le tenía miedo después de tantas caídas, tropiezos, malas acciones, decisiones y malas experiencias y errores. Mi tabú, mi talón de Aquiles.


Y así fue. Me comencé a abrir evadiendo todo lo anterior, con los ojos abiertos a las mismas figuras para no encuadrar con ellas. Después de un tiempo, ahí estaba. Había llegado. Había aparecido en mi camino como solo algo sincero puede hacerlo. Alegre y feliz. Eso palpitaba mi corazón al solo pensar en aquel ser. Poco a poco supo entrar a mi vida y ganar mis sentimientos como nunca nadie lo había hecho antes. ¿Conocen esa sensación de sentirse entre las nubes?, bueno pues eso yo lo sentí. Caminaba en un montón de nubes enormes que me hacían sentir feliz. Vivía enamorada, contenta, correspondida.


Pero a veces las nubes se van y ves el cielo despejado y te das cuenta de que no puedes caminar por las nubes siempre. En ocasiones es bueno pisar el piso y andar por él. Que duelan los pasos para que el camino sea bien aprendido y te des cuenta si en verdad quieres seguir ahí y comprender que las cosas no siempre van a ser tan fáciles. Que unos días es soleado, otros no tanto y hay otros en los que llueve. Pero cada etapa tiene su tiempo, como los días. No pueden ser siempre así. Y aunque parezca que tardará mucho en salir el sol y secar la lluvia, créeme que pasará.



Sólo es necesaria una cosa… tiempo.

viernes, 8 de mayo de 2015

Las segundas oportunudades

De cierta forma la vida te va dando oportunidades de hacer las cosas diferentes. Es decir, cometes un error hoy, lo cargas un momento mientras lo asimilas y aprendes de él. Después, con el tiempo,  la vida te otorga esa “segunda oportunidad” que dicen, todos merecemos. El punto aquí no es si la merecemos o no, o si llega o no lo hace. Creo yo, que el punto radica en hacernos la siguiente pregunta; “si llegase esa segunda oportunidad ¿nos daríamos cuenta?”.


Cuando sufrimos  de algo que nos ha marcado una etapa de nuestra vida, es difícil de olvidar ese suceso. Los psicólogos dicen que si dicho sufrimiento provocó un impacto severo lo más probable es que esa experiencia la bloqueemos de nuestra memoria y sigamos viviendo como si no recordáramos nada. Eso sería bueno, considerando que al inicio del sufrimiento quieres huir de él y de hecho suena bastante tentador el bloquear información de nuestra memoria y regresar a ese estado de felicidad o de pasividad en el que estábamos antes. Desgraciadamente no es así. Por más que queramos, esas situaciones son bastante extremas y en mi opinión esas cosas le pasan solo a las personas  que se merecen olvidar un mal recuerdo. A  las demás personas nos toca seguir viviendo con todos nuestros asuntos en la cabeza, todos esos recuerdos que nos invaden por las noches o en el día y que algunas veces resultan ser buenos y otras no tanto. Lo extraño de esto es que, a pesar de que tenemos toda esa información almacenada en nuestra cabeza, todas esas experiencias, todas esas situaciones en las que tomamos decisiones algunas veces acertadas y otras no tanto… aun contando con todo ese aprendizaje intrínseco, no seamos capaces de aprender de todas esas experiencias y mejorar nuestro paso por la humanidad o hacerlo más ameno.


Claro, ninguna experiencia es igual que la anterior o es mejor o peor. Son solo eventos que suceden en nuestra existencia en este mundo. Pero aun así siempre hay puntos clave, esas pequeñas pistas que nos marcan la pauta de cómo “se supone” pasarán las cosas. Esas pistas que con cada situación vivida son más sencillas de identificar pero aun así nos gusta ignorar, ¿por qué seremos así la mayoría del tiempo?


Es cierto que nadie aprende en cabeza ajena. Eso es un hecho, pero no está de más escuchar los consejos o los resultados de las decisiones tomadas por aquellas  vidas. Jamás sabremos en qué momento nos podrán servir. Supongo que nos gusta engañarnos y pensar que vivimos en un mundo en el que sin importar todo lo que pase en la vida terminaremos siendo felices, gracias a todos esas estereotipos con los que convivimos a diario y no soy pesimista puede que si terminemos siendo felices, pero también puede que no. Y que tal que ese resultado final se deba a no haber podido identificar una segunda oportunidad y por ende a la mala toma de decisiones.



Son solo pensamientos generales que vagan por mi cabeza y me gusta aterrizarlos para poderlos compartir. Tal vez alguien entienda lo que digo.

domingo, 1 de marzo de 2015

La sonrisa

Es algo que es fácil de hacer. Detrás de cada sonrisa hay una razón. Por mi parte puedo decirles que he hecho todo tipo de sonrisas. ¿Saben de qué les hablo cierto? Claro que sí. Es muy fácil de entender, porqué todos lo hemos hecho. Pero hoy en particular quiero platicarles sobre una sonrisa en específico. Esa sonrisa que te emociona y a la vez te desmorona. Y no, no hablo de una sonrisa de amor. Es esa clase de sonrisa que es más que solo amor. Es algo que tiene tanto significado que la humanidad aun no le ha dado un nombre a tal sentimiento y que nada mas lo expresamos con una simple y sencilla sonrisa. Aunque es simple es la más especial de todas. Por ello no todas las personas tienen el honor de conocerla ni de hacerla.


Hablo de esa sensación de inseguridad, alegría, nostalgia, miedo, alegría y felicidad que cuesta imaginar que haya tantos sentimientos dentro de ti y al mismo tiempo. Es una explosión tan masiva que puedes sentir como esos sentimientos forman un enorme remolino dentro de tu corazón y cada respiro te hace temblar por eso que estas experimentando, tu cuerpo no sabe qué hacer con todo eso, con todos esos sentimientos revueltos que forman un nuevo sentimiento y es entonces cuando lo trasforma en una sonrisa. En una simple y única sonrisa.


Seguir tus sueños. Intentar lo que siempre has querido. Visualizarte como lo que quieres ser, como lo que siempre has querido ser. Y saber que si vas por ese camino, por ese incierto camino, de una u otra forma lo vas a llegar a ser. Vas a lograr lo que siempre has soñado. Saber que vas a ser una de las pocas en el mundo que sigue sus sueños y dirá “valió la pena”, es lo que te hace sonreír de ese modo. Arriesgar tanto. Dejar de lado los tabús, los fetiches y que te dejen de importar las opiniones ajenas eso es lo que te comienza a dar miedo. Salirte del camino por el que todos van, y darte cuenta de que iras solo por un buen tramo. Y darte cuenta de que “tal vez” avances poco mientras los otros “tal vez” lleguen a alcanzar cosas más rápido que tú. Es entonces cuando lo haces, sonríes. Sonríes por que serás uno de los afortunados que está siguiendo su sueño. Mirar el camino y ver como tus ojos solo alcanzan a ver un diminuto punto al final del camino y pensar que aun te falta mucho para llegar al final. Pero sonríes, porque eso es una gran motivación, ¿para que luchar por algo que alcanzaré tan pronto? Es mejor que mi sueño dure mucho y que el camino sea tan largo como mi vida y tan prometedor como lo son mis expectativas.


De esa sonrisa es de la que les quería hablar. De la mejor de todas. De esa sonrisa que pocas personas logramos hacerla. Porque solo a pocas nos queda tan gran bendición en el rostro.



He dado ya el primer paso y ya he comenzado a andar por mi camino, por el camino que sé que es mío, el que siempre había estado ahí pero me negaba a andar por él. Por ese miedo a perder, y ahora me doy cuenta de algo ¿qué puedo perder?, si algo sale mal, lo vuelvo a intentar y si el camino no me gusta al final de todo, al menos sabré que es lo que no me gusta. Y eso, ya es ganancia. Aunque estoy segura de que por este camino jamás me cansaré. Es mi sueño es mi motivación para vivir y seguir adelante soy yo alcanzando mis sueños y cubriendo mis propias expectativas, sin barreras y sin mascaras. Soy yo. Y me gusta esta nueva sonrisa.

domingo, 22 de febrero de 2015

De nuevo este sentimiento

Y de nuevo este sentimiento invade mi mente, mi cuerpo, mi corazón.


¿Por qué has vuelto a mi mente? Cuando tenía todos los hilos  sujetos en mis manos ahora de pronto vienes y los cortas de repente.


Sabes, tú sabes quién eres. El único al que he abierto mis sentimientos, el único que sin decir yo palabra alguna sabía lo que me pasaba. El que no necesitaba preguntarme  sobre mis gustos porque con solo tratarme los sabías. Esas tus miradas que nunca antes había visto y nunca antes había sentido. Tu cara, tus cejas y tus ojos. Esos que hablaban con un brillo un tanto peculiar. Nadie te entendía, ni ella. Y lo sabes, solo yo. Yo fui quien entró a tu mente sin querer y por casualidad. Y sin querer ahí me quedé. No me imagino nada, de nuestra “historia”. Si es que así me podemos llamar, fue más un cuento, un breve cuento en el cual a ninguno de los dos nos ha gustado el final.


Con nadie había sentido algo semejante, ni con él. Tú sabes de quien hablo. Ni con él, ni con nadie. Es raro, incluso triste que sin haber sido “nada”, hayamos sentido tanto. No me dejarás mentir no has encontrado a alguien que te entienda como yo, a alguien que no te juzgue y te acepte como eres por que le gusta tal cual cómo eres. No creo, en verdad lo dudo que encuentres quien desarme todos tus secretos y sin necesidad de preguntar nada. Nadie te inspira tanta confianza. Y cada vez que lo intentas miras el techo y recuerda que con nadie habías disfrutado tanto sin ser “nada”.

Errores. Los cometí. Errores. Los cometiste. ¿Y quién no lo hace? Que tonta soy. Confié dos veces en alguien que me traicionó una vez. Pero que tonto eres por creer dos veces a quien te mintió más de una. Sabes a quién me refiero.



Si valoráramos lo que somos cada uno, tal vez veríamos en lo que nos convertimos cuando estamos juntos. Pero no pasará eso nunca. El orgullo o esas ganas de tener la razón son las que nunca nos han dejado en paz. No nos separan porque nunca hemos estado juntos. Aun así escribo este post, porque siento que de no hacerlo el recuerdo y el sentimiento quedará aun en mi mente, y prefiero dejarlo libre… en palabras.