domingo, 21 de febrero de 2016

Camino hacia el crecimiento...

De nuevo mis pies sobre la tierra, donde deben andar y no en las nubes como les gusta. Preferible andar por un camino lleno de piedras que en uno lleno de falsas ilusiones. Sin importar lo que pueda pasar, las heridas sanan y el recuerdo las acompañará siempre.

Crecer… eso. Crecer no es con la edad, es con las decisiones que uno toma, y el cómo afronta las consecuencias de las mismas. Cada camino enseña algo y ese algo es lo que nos marca, bueno a ciertas personas lo hace. No a todas, o no del mismo modo.

Respirar duele cuando el alma está quebrada. Parpadear pesa cuando el corazón está herido hablar cuesta cuando los sentimientos son reales. Y una y otra y otra vez más pasará. Eso es bueno, supongo… al menos me enseñará a ser más fuerte para las cosas que se aproximen. Aceptar la realidad y no alimentar el corazón de ilusiones y frases bonitas, de señales… hechos, realidades. La verdad. De eso es lo que se debe nutrir el corazón. Yo ya me lo había dicho. Pero ah, qué bonito es dejarse caer de espaldas a un sentimiento que te envuelve y te cierra los ojos y  a vuelve inmune tu corazón. Y ¿qué le vamos a hacer? Si así de noble llega a ser el pobre imbécil.

Dice que es mejor caer a tiempo y que duela menos. A caer cuando ya haz volado demasiado alto. Quizás, no lo sé. Lo único que sé es que por el momento la sensación no acabará tan pronto. Pero va a servir de algo todo esto. Al menos tendré una cicatriz más y cuando la vea… recordaré en realidad lo que duele ser sincero. Para pensarlo dos veces antes de sentir y dejarme llevar.


Insisto en algo… Los sentimientos no se deben ocultar. No cuando son reales. Pero en esta ocasión, prefiero encerrarlos todos y ocultarlos tras una bonita sonrisa y ojos alegres. Para que en vez de caída, sea un aterrizaje, con bastante movimiento…. Pero es mejor eso a nada.

lunes, 1 de febrero de 2016

Cartas que no se entregan 1 / ?


Créeme que no importa ya nada de lo que haya pasado entes entre nosotros, no importa ya. No tengo idea si contigo fue amor o que fue lo que fue. Pero nunca me explique cómo era posible que alguien en verdad quisiera estar conmigo al grado de temblar al tomarme de la mano. De sonreír tanto cuando me veía y la manera en la que me veías. Para mi siempre fue extraño sentir eso. Porque nunca antes lo había sentido. Esos pequeños momentos en los que me te ponías frente a mí y me decías que me ambas y que era todo lo que siempre habías esperado de la vida. Todos esos momentos en los que me demostrabas que hablabas enserio. Esos momentos en los que ya no era solo tu o solo yo. Éramos nosotros. Todos esos momentos en los que no sabía cómo reaccionar, en los que no sabía que decir. Todos y cada uno de ellos en los que siempre creíste que no valoré. Todos los recuerdo. Y los tengo presentes.

Tuve miedo a comenzar a sentir algo más fuerte y eso me llevó a un vacio entre nosotros. Pensar que te tendría siempre fue un error que pague poco después de pensar así. Cuando comencé a amarte ya era tarde. Ya no tenía tu mirada, ya no tenía tus abrazos ya no tenía tu sonrisa. Ya no era nada de ti. Y esos recuerdos comenzaron a tener un valor aun más especial. Porque en eso se estaban convirtiendo. En recuerdos que no eran posibles de recuperar. Todo comenzaba a escapar por pequeños hoyuelos que fui dejando en lapsos de cariños jamás dados.


Tú tapándome los ojos preparándome para una sorpresa especial. Quitando tus manos para descubrir un camino rojo con pequeñas luces hacía el cómodo placer de los amantes. Tu sonrisa que brillaba como la luna. Tus manos que eran como un cálido suspiro que viajaba de un lado a otro.  La primera frase dicha por completa sinceridad por mi corazón “te amo”.


Si de algo estoy segura es que jamás volverá a pasar algo similar en mi vida. Los demás amores solo serán amores. Pero nada comparado con lo que tuvimos los dos. Porque yo sé que fue tan fuerte nuestro amor que no supimos que hacer cuando lo tuvimos de frente.  Y aunque ahora estemos muy lejos el uno del otro no habría forma de cómo cambiar lo que nos ha pasado de todo lo que destrozamos nuestras vidas después de los que pasó. 


Ya de nada vale llorar por recuerdos que fueron buenos. Por miradas que jamás volverán por sonrisas que fueron nuestras.



Esta es la primera carta jamás entregada a mi primer amor.