Tuve miedo a comenzar a sentir algo más fuerte y eso me
llevó a un vacio entre nosotros. Pensar que te tendría siempre fue un error que
pague poco después de pensar así. Cuando comencé a amarte ya era tarde. Ya no
tenía tu mirada, ya no tenía tus abrazos ya no tenía tu sonrisa. Ya no era nada
de ti. Y esos recuerdos comenzaron a tener un valor aun más especial. Porque en
eso se estaban convirtiendo. En recuerdos que no eran posibles de recuperar. Todo
comenzaba a escapar por pequeños hoyuelos que fui dejando en lapsos de cariños
jamás dados.
Tú tapándome los ojos preparándome para una sorpresa
especial. Quitando tus manos para descubrir un camino rojo con pequeñas luces
hacía el cómodo placer de los amantes. Tu sonrisa que brillaba como la luna. Tus
manos que eran como un cálido suspiro que viajaba de un lado a otro. La primera frase dicha por completa
sinceridad por mi corazón “te amo”.
Si de algo estoy segura es que jamás volverá a pasar algo
similar en mi vida. Los demás amores solo serán amores. Pero nada comparado con
lo que tuvimos los dos. Porque yo sé que fue tan fuerte nuestro amor que no
supimos que hacer cuando lo tuvimos de frente. Y aunque ahora estemos muy lejos el uno del
otro no habría forma de cómo cambiar lo que nos ha pasado de todo lo que destrozamos
nuestras vidas después de los que pasó.
Ya de nada vale llorar por recuerdos que fueron buenos. Por miradas
que jamás volverán por sonrisas que fueron nuestras.
Esta es la primera carta jamás entregada a mi primer amor.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario