viernes, 23 de marzo de 2018

Hoy, después de tanto tiempo...


- 22/03/2018 -

Han escuchado aquella leyenda del hilo rojo. Donde tú y tu alma gemela se encuentran “enlazadas” por un delgado y e imperceptible hijo rojo. Y no importa qué suceda ese hilo será capaz de estirarse tanto y resistir cualquier cosa, ya que es tan fuerte que no se romperá. Porque es destino, porque al otro extremo no se encuentra el final del destino si no el inicio del mismo.

Siento que así es contigo. Es decir a pesar de tanto tiempo tal parece que estamos obligados a encontrarnos una y otra vez. Sin importar las circunstancias… quizás fue eso que me dijiste. Y es que a nosotros los humanos nos gusta jugar a retar al destino. Nos encanta ponerlo a prueba para que nos demuestre que en verdad existe y que ahí está a pesar de lo que pensemos y de lo que creamos. “Nunca nos vamos a encontrar de nuevo, tú y yo vamos por caminos muy diferentes”.  Y mira ahora. A unos escasos metros de distancia. En el mismo sitio una y otra vez desde aquella vez que nos dijimos “adiós”. ¿Qué tan cierto fue eso? Porque sinceramente ese adiós ni siquiera fue una despedida. Ya que estuvo abrumado de tantos temas ajenos a nosotros. De tanto asco al mundo de tanto estrés y de tanto lodo en nuestra cabeza que no dejó que pensáramos ni un poco todo lo que nos dijimos. Es más ni un adiós fue. Solo fue un berrinche mal infundado. Lo que nos orilló a en verdad tomar caminos demasiados distintos… solo por un pequeño periodo de tiempo. Yo intenté ser fuerte y caminar sola por un tiempo, claro que hubo algo de compañía en mi rumbo. Pero de esa que solo hacen buena platica y algo de risa. Mientras que tú, decidiste correr por donde había demasiadas personas que pronto encontraste a “alguien”, alguien que imaginaste fuera yo. Con los mismo sobrenombres, con los mismo chistes, tal vez con los mismos besos, con los mismos anhelos y planes que yo había pensado y compartido contigo. No llegamos a ver de un lado a otro. Siempre con una mirada llena de miedo y con muchas cosas que decir, con una sonrisa paralizada en un “¿qué le digo?, ¿qué hago?, ¿qué piensa?”. Y las despedidas eran ver las espaldas de alguno de los dos.
Yo sé que lo que ahora tienes lo hubieras querido tener conmigo. Lo sé, porque te conozco y porque sé exactamente lo que piensas y sientes. Se nota aún tu mirada.

Pero dime, es esta la oportunidad de enmendar todo y tener paz en nuestras almas. Seremos ambos quienes nuestro hilo rojo están amarrado…

Si tan solo tuviéramos un encuentro real y poder conversar… poder estar al tanto de todo lo que ha pasado en estos últimos años. El saber qué fue lo que pasó y el porqué de cada uno… si fue pena o rencor volvernos a buscar… y al menos sonreírnos de una manera cómoda cada vez que nos miremos. Esas sonrisas que dicen “Sé que estás bien, y me alegra eso”


bchm...

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