Saben. A veces parece que todo está en nuestra contra. Que por más que nos esforcemos no logramos llegar a ningún lugar. Que cuando estamos logrando algo, siempre pasa algo que hace que todo se desmorone. Y es en ese momento cuando nos sentimos derrotados. Inútiles, desmoralizados. Y es que es tanto nuestro dolor, nuestra frustración que no vemos más allá del problema, más allá de la situación misma.
Eso me pasó hace apenas unos cuantos meses atrás. Sentía que lo tenía todo, sentía que era feliz con lo que me rodeaba. De hecho eso aparentaba. Una felicidad plena. Pero en realidad no era así. Cuando todo es a base de apariencias eres plenamente infeliz. El estar en una situación por el simple hecho de querer fingir que todo es vida y dulzura es una falacia. Y yo ya no quería seguir así.
Tomar decisiones sin sentimiento de arrepentimiento. Eso fue lo primero que aprendí. Decir NO y afrontar las consecuencias que contraiga. Mantenerse firme en una decisión que sabes que es la correcta. Es un paso
firme en tu vida. Sentirse mal y que tu corazón grite y quiera decirle a tu boca que diga ESTA BIEN, es lo primero que evité. Porqué ya nada estaba bien. Así que cabe con todo lo que malo, con todo lo viejo y aunque lo admito fue doloroso, fue difícil lo he logrado. Porqué he sido firme y fuerte en mi decisión.
Ver las cosas claras. La segunda cosa que aprendí. Como lo dije al principio. Siempre nos damos por vencidos en el primer momento. Nuestro primer impulso es dejarlo todo y llorar. Eso no es más que el principio del caos. Cuando pasan cosas malas, o cosas difíciles en nuestra vida, es complicado ver el lado bueno de las mismas. Pero solo es cuestión de detenerse y observar lo que nos rodea. Hacer el recuento de los daños y recordar que “después de la tempestad viene la calma” y eso es verdad. Siempre que nos pasa algo fuerte en nuestra vida, es por qué podemos con esa prueba, porque no nos sabemos dar por vencidos. Porque sabemos levantarnos y seguir adelante a pesar de todo lo que hayamos sufrido, llorado, a pesar de todas las heridas en el alma, somos capaces de levantarnos aun más fuertes que antes, y dar pasos firmes.
Y la última cosa que aprendí es. Valorarse más que nada, sobre todas las cosas valorarse a uno mismo, cada parte de uno valorarla, quererla, amarla. Porqué nadie más lo hará. Y el primer paso para ser feliz, es ser feliz con uno mismo.
Cuando comprendí estas tres lecciones. Todo comenzó a tener sentido. Y como por arte de magia las cosas comenzaron a resultar bien. Deje de llorar y comencé a reírme. A valorar todo lo que la vida te pone en el camino. Todo lo bueno y lo malo, todo tiene una razón aunque no siempre comprendamos el por qué. Pero algo nos deja cada experiencia. Y es gracias a ellas. A todas esas experiencias que somos nosotros mismos. Porque ellas nos hacen fuertes y nos hacen crecer, nos hacen capaces de comprender cosas que no creíamos capaces de comprender a nuestra edad, y nos dan lecciones. Lecciones que nunca olvidamos y que les agradecemos lo que somos ahora.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario